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El nadador que se baña desnudo o que flota de espaldas.
La forma fermenina que se acerca a mi carne de amor temblorosa y doliente,
el límite divino para mí, para ti o para aquel que lo trace.
El rosotro, los miembros, todo lo contenido entre la cabeza y los pies y lo que ello me evoca,
el místico delirio, la locura amorosa y la entrega total.
(Aercate y escucha lo que voy a decirte muy bajo al oído: Te quiero, me posees por entero. Si huyeramos tú y yo del resto de la gente, más allá de las leyes, seríamos más libres que dos gavilanes en el aire o dos peces en el mar)
[...]
(Lo arriego todo por ti, y no me importa perderme si es preciso. ¡Tú y yo! ¿Qué importa lo que hagan o piensen los demás? ¿Qué es todo lo demás para nosotros?)
El capitán que confía al piloto su barco, el general que me manda, que manda a todos y a quien pido permiso.

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